Primera arquitecta en El Salvador

En 1977, la ONU declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, sin embargo su celebración data de 1909, en Nueva York, EE.UU. Tras una declaración del Partido Socialista en honor a la huelga de las trabajadoras textiles de 1908, un grupo de mujeres socialistas organizó por primera vez un Día Nacional de la Mujer para conmemorar esta protesta en la que se demandaban mejores condiciones de trabajo y derecho al voto para las mujeres. Pronto esta iniciativa se extendió en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza (1911), Rusia (1913) y posteriormente en el resto de Europa. En ese contexto nació en Austria una mujer que decidió formarse como arquitecta y que por cosas del destino, ejerció su profesión en El Salvador.

Ehrentraut Schott de Katstaller se graduó en 1950 de la Universidad Tecnológica de Graz (TU Graz, por sus siglas en alemán), firmó un contrato en el Consulado con el Gobierno de El Salvador y llega al País en 1952, trabajó en la entonces Dirección de Urbanismo y Arquitectura (DUA) hasta 1958 y formó parte del equipo de docentes que iniciaron la Escuela de Arquitectura de la Universidad de El Salvador a partir de 1954. En 1960 se incorporó a esta Universidad y continuó su trabajo como diseñadora junto a su esposo Karl Katstaller.

Ehrentraut Schott Katstaller. Fotografía de su archivo personal.

 

La década de los 50 en la historia salvadoreña, es una época de pensamiento progresista, había un serio interés estatal de llevar al País hacia la modernidad y por consiguiente ideas como el derecho al voto de la mujer, la seguridad social y el acceso a la educación, forman parte de esta filosofía. El gobierno del entonces presidente Óscar Osorio consideraba la importancia de la imagen arquitectónica como elemento generador de modernidad y por ese motivo hizo un llamado a arquitectos extranjeros para que trabajasen en la construcción de nuevos espacios y edificios de carácter público que se alineaban con la visión moderna de estado. La única mujer entre este grupo de arquitectos era Schott.

De acuerdo a anécdotas de Schott, el gobierno salvadoreño de 1952 tenía en sus manos un diseño cuadrangular para el nuevo reformatorio de mujeres, el tradicional patio central alrededor del cual se disponen las alas del edificio con todos sus componentes, pero a esta arquitecta, se le asignó hacer una nueva propuesta. Schott replanteó el concepto de reformatorio, disponiendo pabellones independientes que se articulan con otros edificios como capilla, hospital y pabellones de servicio, de manera que todos gozan de una mejor orientación y adaptación al lugar.

Planta de conjunto para el Reformatorio de Mujeres (1952). Dibujo de Schott Katstaller tomado de su archivo personal.

La arquitectura de Ehrentraut Schott se caracterizó por romper los lenguajes historicistas de la arquitectura republicana salvadoreña, es una arquitectura sincera en el uso de los materiales al dejar expuestos el concreto, el acero y la madera; pero también es audaz en la organización de las estructuras y la disposición de membranas o amplios ventanales, lo cual -siendo mujer- la convirtió en un ícono local en su momento. Estas son algunas de sus obras más importantes:

Sin duda, Ehrentraut Schott Katstaller es un personaje importante en la historia de la arquitectura salvadoreña pero sobre todo, en el contexto de su ejercicio profesional demostró -quizá sin intención- la igualdad de capacidades creativas y visionarias que como mujer tenía junto al resto de sus colegas extranjeros. Entendió la filsofía moderna del estado y la acató posiblemente con empatía. Al hablar con Schott ella no se percata de cuan importante es el hecho de que sea mujer en la historia salvadoreña porque para ella todo es cuestión de igualdad, no tiene porqué haber diferencia y eso es precisamente lo relevante de su trabajo como la primera arquitecta en El Salvador.

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— Posted on marzo 10, 2018 at 12:18 am by

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Comments (1)

  1. Susy Castañeda Reply

    abril 10, 2018 at 5:35 pm

    Y no sé cómo sería la paga, pues a mi mucho tiempo después me tocó vivirlo, que aunque hiciéramos el mismo trabajo que los arquitectos hombres, los jefes no reconocían esa misma capacidad en las mujeres ya que decían que nosotras teníamos esposo que nos mantuviera, increíble pero así era todavía allá por los años 70.

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