Hablemos de toda la arquitectura (*)

En El Salvador, rara vez se habla de arquitectura con el interés público que tiene. La arquitectura, que etimológicamente significa «jefe de la construcción», existe desde la Antigüedad cuando el ser humano transformó el espacio natural para beneficio propio, desde entonces ha pasado de ser únicamente una solución práctica a ser también una expresión plástica de la cultura de los pueblos.

En El Salvador, hasta antes de 1932 la arquitectura había estado, en mayor medida en manos de maestros de obra que combinaban sus ideas con el propietario, algunos de ellos eran verdaderos artesanos instruidos bibliográficamente de autores extranjeros, sin embargo cuando la Universidad de El Salvador (UES), produjo un mayor número de ingenieros y posteriormente arquitectos, el maestro de obra fue relegado a un orden inferior. La carrera de Arquitectura fue instaurada inicialmente por arquitectos salvadoreños graduados en el extranjero, quienes aprendieron de los cánones de la arquitectura internacional (Le Corbusier, Gropius, Wright, entre otros.) lo que inevitablemente produjo allá por 1930 – 1945 una arquitectura «moderna muy salvadoreña». Esta transformación es el reflejo de un momento clave luego del levantamiento campesino de 1932, la idea de una nueva arquitectura, basada en cánones extranjeros y alejada de cualquier manifestación que se identificase como «nacional» era la expresión idónea para la imposición de un régimen diferente.

En este escenario, los  arquitectos salvadoreños, graduados en el extranjero, son los que forman a los nuevos arquitectos en la UES, con la persistente mirada a la arquitectura extranjera y sin realizar alguna valoración sobre la manifestación arquitectónica local, aun hoy en día, la tendencia es la misma y la razón es muy simple: la concepción de la arquitectura como una opción alcanzable para aquellos que tienen cierto nivel de educación superior, que tienen capacidad económica para viajar por el mundo y conocer la producción arquitectónica extranjera y que, por consiguiente, la valora como una expresión plástica superior a cualquiera que se produzca localmente. El problema del surgimiento académico de la Arquitectura es que su producción respondió de manera excluyente, ya que consideró los cánones internacionales como criterios de la “buena arquitectura” sin valorar que, desde el punto de vista espacial, muchas soluciones prehispánicas, coloniales y contemporáneas del momento, habían respondido directamente a las condiciones físico – urbanas de nuestro contexto.

La expresión arquitectónica popular, espontánea y a veces precaria, no es más que una respuesta a nuestra realidad, es la arquitectura a la que tienen acceso las grandes mayorías y por lo tanto despreciarla o excluirla representa una forma más de marginación social, de sometimiento y de una repetida “cantaleta” al salvadoreño acerca de su “especial condición de pobreza” esta vez a nivel espacial. Hay que hablar de toda la arquitectura.

(*) Esta nota es un resumen del artículo «Hablemos de arquitectura» escrito por Rafael Tobar y publicado en el extinto blog de opinión xpressate.net el 11/11/14.

— Posted on noviembre 12, 2014 at 1:04 am by

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Comments (1)

  1. Susy Castañeda Reply

    marzo 5, 2016 at 6:35 pm

    Y, pues así pasó en nuestro querido El Salvador como muchos otros países llamados subdesarrollados, pero realmente los espacios por los que el hombre necesita deben ser placenteros y acordes con las necesidades de los mismos y porqué no, ellos hacen su arquitectura, ellos la acomodan.

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