Guerrero: precursor de la tridimensionalidad social

El crecimiento urbano de las ciudades es un fenómeno que, en los últimos cincuenta años, ha detonado diversas modalidades en la arquitectura y una de las principales es la mezcla de usos de suelo. Ciudades desarrolladas como Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Bogotá, Panamá, entre otras, se han visto en la necesidad de diversificarse en función de las demandas sociales y económicas de sus habitantes. Así es como se ha vuelto natural en estas regiones que la planta baja (nivel de calle o planta principal) sea dedicada al comercio y los niveles superiores se destinen a la vivienda. De acuerdo a estas mismas demandas y a la dimensión en que se conciben los edificios, algunos pueden contener -entre estos usos- otros de carácter institucional, hospitales, oficinas privadas, escuelas y hasta iglesias. El común denominador entre toda esta gama de tipologías de edificación es la densificación del suelo, la cual, en razón del alto costo de oportunidad, se ve en la necesidad de colocar a varios actores sociales en una sola área territorial. Lo que podría llamarse la «tridimensionalidad social».

La sociedad salvadoreña de principios del siglo XXI curiosamente ha resultado renuente a esta necesidad, a pesar de que existe consciencia de la falta de suelo para extenderse, no hay voluntad de convivir en esa tridimensionalidad social. Son muy pocos los ensayos que desde el 2009 evidencian la poca receptividad ante el uso democrático del suelo. Casos como Torre El Pedregal en el centro comercial Multiplaza (Legorreta, 2010) y el complejo Torre y Plaza Futura (Kmd, 2009) son algunos de los proyectos que se han atrevido a transformar la cultura salvadoreña y que eventualmente podrían ser ejemplo de otros más inclusivos, pero ¿En realidad son estos los primeros edificios de uso diverso en San Salvador?

Allá por 1977 Jaime Paz Larín, arquitecto, proyectó el Complejo Urbanístico Guerrero sobre la 3a. 7a. Calle Poniente (hoy Alameda Juan Pablo II) en las cercanías del centro comercial Metrocentro, una zona que ya se perfilaba con gran plusvalía y que hoy concentra gran cantidad de actividades económicas. Según los planos originales de Paz Larín obtenidos de su archivo personal, el proyecto consistía en una torre de apartamentos de doce niveles, en donde cada nivel contenía ocho apartamentos de dos dormitorios cada uno, un baño único, espacio para sala – comedor y una cocina integrada a la zona social; pero lo más sorprendente es que esta torre formaba parte de un complejo de uso diverso en donde la zona más cercana a la calle se destina a locales comerciales y áreas verdes, bajo los cuales se ubica un extenso estacionamiento para los habitantes de la torre y, en una azotea, el estacionamiento para clientes de la zona comercial.

Planta de Conjunto ISSS

Plantas ISSS

Las ideas de vanguardia de Paz Larín no solo se expresaron a través de su lenguaje arquitectónico, como ocurría en su propia residencia, sino que también denotaron una clara voluntad de transformar la cultura salvadoreña a través de nuevas formas de actuar en la Ciudad, por medio del aprovechamiento masivo del suelo, la integración de usos y la convivencia social a través de espacios públicos. Todos fenómenos propios del auge del movimiento moderno y que hoy, más tarde que temprano, El Salvador necesita retomar.

La realidad salvadoreña de finales de la década de los 70 presentaba un panorama pesimista en cuanto a urbanismo. Los fenómenos sociales que dieron pie a la Guerra Civil eran prácticamente una bomba de tiempo que más tarde imposibilitaría alcanzar los objetivos de un proyecto tan ambicioso como este, en donde cada unidad habitacional tenía un precio igual o mayor al de una vivienda común y además, con menos área de construcción, menos dormitorios, área de servicio separada y sin área verde de uso privativo. Quizá demasiadas novedades para una cultura tan «conflictuada» entre la tradición, la marginación y la pobreza.

Sin embargo el Guerrero se llevó a la realidad, se construyó, se comercializó y fracasó en el intento, por lo que la banca estatal salvadoreña se ocupó de embargarla y más adelante, durante los 80, el Estado la intervendría para dar cabida a las actuales oficinas administrativas del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). En definitiva, un guerrero.

— Posted on octubre 9, 2015 at 7:20 pm by

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