¿Dónde murió el Beato?

A las 12 del medio día, un día antes de la beatificación de monseñor Romero (hoy declarado Santo), hemos visitado la capilla del hospital Divina Providencia, lugar donde el 24 de marzo de 1980 el sacerdote fue asesinado. En el marco del importante evento, la Capilla es visitada en este momento por unas 200 personas, entre salvadoreños y extranjeros, quienes han venido a conocer dónde murió el beato Romero, quién en este lugar recibió una bala posiblemente desde la entrada principal de este templo mientras oficiaba una misa.

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Fotografía del archivo de la investigación oficial del asesinato de Óscar Romero (1980) publicada por El Faro (2015). Revela una «Inspección técnica ocular» en la que la Policía Nacional hace una reconstrucción de los hechos.

La Capilla forma parte de un pequeño complejo construido en 1969 y según placa ubicada sobre el edificio del Hospital, el arquitecto a cargo fue José Carlos López Candell; la capilla fue construida posteriormente y el autor es Salvador Choussy padre. El templo pertenece al período moderno de la arquitectura salvadoreña (1950 – 1980/92), por su disposición en planta basilical puede visualizarse cierta mesura en relación a los planteamientos del Concilio Vaticano II, sin embargo muestra una volumetría que integra cubierta y paredes en un solo elemento, jugando con planos inclinados, luz y escapes visuales que permiten relacionar el interior con los jardines circundantes. Las cubiertas inclinadas una contra otra acogen cálidamente a los feligreses y pudimos corroborarlo, a través de las expresiones en las decenas de visitantes. «¿Aquí fue donde murió Romero mami?» decía un niño a su madre que lo llevaba a conocer dónde murió el Beato.

Fachada lateral de la capilla del hospital Divina Providencia (San Salvador, Ca. 1970). Fotografía del dibujo original de Salvador Choussy padre, (Rafael Tobar, 2017). Parte de la exposición «Momentos, Espacios y Paisajes. Arquitectura en El Salvador» (Marte/UCA, 2017)

Fotografía de Eulalio Pérez García (1980), publicada por El Faro (2015), muestra la escena unos cinco minutos antes del asesinato de Romero.

Fotografía de Eulalio Pérez García (1980), publicada por El Faro (2015), muestra la escena unos cinco minutos antes del asesinato de Romero.

Al ingresar, se observa que la nave principal tiene una planta trapezoidal, lo que marca un énfasis en el eje rector central desde el acceso hasta el altar, justo en la trayectoria que recorrió la bala que instantáneamente terminó con la vida de Romero. Formas similares se mantienen en las naves laterales haciendo que el altar sea el centro de interés innegable del conjunto. La Capilla es perfecta para comunicar mensajes ya que por su volumen interno mantiene una acústica clara sin necesidad de equipos de sonido.

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Fotografía del archivo de la Agenzia Nazionale Stampa Associata (ANSA, 1980), publicada por Radio Vaticano (2015)

El lenguaje de la Capilla es curiosamente similar a lo que cuentan fue el carácter de monseñor Romero, formas simples, estructuralmente sinceras, de proporciones justas, sin más de las necesarias para vivir bien. Un volumen abierto hacia fuera, como observando la realidad externa y con un amplio acceso que permite escuchar todo lo que se dice en su interior. El volumen lo revisten texturas de materiales naturalmente expuestos, con sus cualidades y sus defectos, sin máscaras, solo con la belleza que emana de la conjunción de todos estos elementos. Así en el interior del templo, en esta oportunidad había un cuadro de Romero en el púlpito y el altar estaba acordonado, como si acabara de ocurrir aquel terrible asesinato; había un camarógrafo tomando videos, un orador argentino reconociendo el mérito del papa Francisco por la beatificación de Romero y decenas escuchando sus palabras. Afuera, frente al acceso había un hombre contando sobre la vida de Romero, sobre su muerte, lo rodeaban varias mujeres mayores, no parecían ser salvadoreñas, pero que escuchaban atentamente como si se tratara de una importante conferencia internacional. También habían jóvenes, quienes andaban como nosotros rondando el Templo, observando dónde murió el Beato.

El hospital Divina Providencia fue el lugar que Romero eligió como hogar mientras cumplía su misión pastoral más importante, cuando llegamos nadie nos dijo que no podíamos tomar fotos, con lo que pudimos valorar un sitio con muchos jardines, árboles, flores y sobre todo mucha paz. Es como si Romero hubiera sabido muy bien dónde debía morir.

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— Posted on mayo 23, 2015 at 5:52 pm by

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